jueves, 13 de noviembre de 2014

XOOWMAGAZINE40 P126 #xoowart LOLA GUERRERA




Lo vulnerable 2” de la artista Lola Guerrera, resulta ser uno de los pilares básicos internacionales de una vertiente fotográfica que lleva gestándose desde la invención de esta: Aquella que aboga por la reinterpretación visual de una realidad a través del ingenio del artista, ya sea bien a partir de capturas sin edulcorar, o bien por el uso de materias primas u objetos cotidianos dotados de un nuevo contexto. Nacida en 1982 y originaria de Córdoba, es licenciada en comunicación audiovisual en la Universidad de Málaga. Con un máster en fotografía por la escuela internacional EFTI, sus obras han visto la luz a través de instituciones de carácter privado en el ámbito nacional e internacional, siendo el Centro Nacional de las Artes de México y el Museo Contemporáneo de Málaga los más significativos, aunque también se ha podido verla en variadas galerías que abarcan desde Londres y Francia hasta América Latina. También ha tenido un amplio seguimiento gracias a la publicación de su trabajo en revistas de renombre como RÉPONSES PHOTO, WALLPAPER y BLINK. El reconocimiento a su trabajo ha dado como resultado premios en Caminos de Hierro, Fundación AENA, Certámen Andaluz de Fotografía y Fundación Biodiversidad. De naturaleza transdisciplinar, el trabajo de Lola siempre ha tendido puentes hacia horizontes escultóricos, atrezzazos y capturados a través de su lente. De ahí que sus piezas sean consideradas no bien como un concepto bidimensional, sino como fruto de toda una confeccionada y sofisticada labor artesanal palpable y real. La propia naturaleza de esta bella conjunción de elementos ejerce sobre el observador un potente efecto subversivo: Se nos muestra una prueba fehaciente y “veraz” de un medio ficticio, articulado bajo las directrices de su compositora mediante la técnica magistral del documental. La acción escénica, primorosamente cuidada, se aleja de trabajos anteriores y aboga por la presencia sin edulcorar del espacio redundante. La obra flota con gracilidad en medio de la vieja fábrica como una visión epifánica, hermosa, onírica, que sólo muestra una débil interacción con su entorno a través de los invisibles hilos de pescador que la sustentan. En este caso, la autora es consciente de que la manipulación ha de ser llevada al mínimo y que el propio espacio debe hablar por si mismo. Un ejemplo anecdótico sobre esta capacidad de expresión tiene que ver con aquellos que han podido asistir a su paulatina construcción. La opinión generalizada concuerda con el hecho de que la disposición de los elementos y su interacción con el entorno recuerdan agradablemente al cuadro *Las hilanderas* de Francisco de Goya. A través de recursos y trucos visuales sencillos pero a su vez
potentes en el sentido pictográfico de la palabra, Lola logra transmitir un continuo mensaje que gira en torno al elemento efímero que forma parte del entorno que nos envuelve. De hecho toma las percepciones de los elementos descritos anteriormente y los eleva a un status colosal, espacial en términos metafóricos. La representación del cosmos, en este caso de una galaxia en concreto, responde a la razón primaria de mostrar un paralelismo entre lo ínfimo y lo sobredimensionado, respetando siempre los cánones de vulnerabilidad que tanto la caracterizan. De hecho se establece una dicotomía entre la naturaleza natural del objeto con la artificialidad del espacio, aunque ambos comparten la decadencia del tiempo. La nave industrial como almacén de un pequeño universo resulta a la postre un mensaje muy potente en cuanto a la reutilización de lo caduco se refiere. Dentro de la propia construcción escultórica, nos encontramos análisis pormenorizados de fuentes tomadas por la NASA donde la autora lentamente erige un conjunto bello y armónico de pequeñas hojas marchitas, de tonalidad apagada pero cálida, que emulan el movimiento y naturaleza de las estrellas, gases en suspensión y espirales que quedan inscritas en estos gigantescos elementos celestes. Para los más avispados, la presencia de la pluma en una de las hélices no pasa desapercibida. Su interpretación puede ser muy variada: Desde la propia idea de libertad pasando por el hecho de estar asociada a uno de los cuatro elementos (el aire) cosmogónicos, la pluma cuenta con una gran tradición como herramienta o vínculo que conduce al mundo espiritual, donde la buena suerte y la protección dan cabida. Podríamos entonces atribuirlo como una suerte de amuleto que protege a la creación hasta que cumpla su cometido. Aunque, para nosotros, lo divertido del asunto es que la propia artista desconoce su verdadero motivo, y por lo tanto, nos brinda la complicidad de la libre interpretación que se le puede otorgar.
Jaime Martín-Monzú Vázquez
www.lolaguerrera.com · 680 135 022